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En perspectiva


Duty of loyalty y duty of care: ¿Cómo se complementan y cómo se benefician uno del otro?

Septiembre 30, 2017

Los deberes fiduciarios de lealtad (loyalty) y de cuidado (care) son los que asumen los miembros de los consejos directivos como parte de sus responsabilidades legales hacia los accionistas de una empresa, y son esenciales para evitar conflictos de intereses y dar transparencia a la gestión administrativa.

La legislación estadounidense estableció el duty of loyalty (deber de lealtad) para evitar que directivos poco éticos obtuvieran un beneficio personal indebido, aprovechándose de las ventajas de su posición y defraudando la confianza de los accionistas.

El duty of care (deber de cuidado), por otra parte, se refiere a la responsabilidad o la obligación legal de una persona u organización de evitar actos u omisiones que puedan causar daños a otros.

Este deber de cuidado es el que tiene un contador en la preparación correcta de las cuentas de una empresa, el de un director en el manejo de los recursos de la compañía que lo emplea o el que cada parte en un contrato asume hacia las demás partes contratantes.

Algunos autores consideran que en realidad hay solo un deber básico: el de lealtad, y que el deber de cuidado es, en sí mismo,  uno de sus componentes (The Harvard John M. Olin Discussion Paper Series).

Es un hecho, eso sí, que las transacciones comerciales son más transparentes cuando los participantes en ellas se rigen por estos deberes.

Por ejemplo, para conseguir el trato más conveniente al momento de vender empresas familiares, es indispensable tener la certidumbre de que se cuenta con el apoyo de inversionistas institucionales que protegerán los activos que quedan bajo su control temporalmente.

Al emprender la tarea de optimizar el funcionamiento de una empresa familiar, los inversionistas de un fondo puente asumen la responsabilidad empresarial de que las decisiones que tomen en la búsqueda de la alineación de intereses entre la parte vendedora y los compradores prospectos aportará beneficios a ambos.

Se puede confiar en que mantendrán y protegerán los bienes del negocio, tanto los físicos como los intereses de los propietarios y sus secretos comerciales, mientras aumentan el potencial de venta de la compañía.

Al acompañar a la empresa en el proceso, estos fondos de inversión se rigen por los deberes de  lealtad y cuidado, tanto al optimizar la administración cuidando los intereses de la compañía, como al invertir sus propios recursos a fin de  obtener el mayor beneficio para el dueño y los inversionistas a mediano y largo plazo.

Cuando un equipo no se guía por el duty of loyalty, el duty of care puede intentar controlar la detección y la difusión de datos, y usar su información privilegiada para manejar a su favor las transacciones.

Por el contrario, dentro de un proceso ético en el que los inversionistas institucionales se rigen por estos deberes, se logra una alineación de intereses entre las empresas familiares y los compradores prospecto, para que la parte vendedora logre el mayor bienestar económico y de perspectivas de proyección y crecimiento del negocio al finalizar la transacción.

Al elegir un fondo puente que acompañe el proceso de optimización para la venta de una empresa familiar, es esencial asegurarse de que él mismo tiene experiencia y un buen historial en el cumplimiento de sus deberes fiduciarios. Esa será la clave para tener una relación de confianza y para lograr el éxito de la operación.